Decesos: un clásico que no pasa de moda

16011846_lSon un caso único en el mundo. Los Seguros de Decesos se presentan como un fenómeno exclusivo del mercado español, sin paragón en otros países de nuestro entorno. Y a pesar de esta especificidad gozan de una salud envidiable. En este reportaje buscamos su origen y las razones del mantenimiento de un producto tan español como asequible.

“Lo mejor de la casa, el fiambre”. La broma, formulada por un veterano Mediador, quizás no sea un dechado de sensibilidad, pero describe al detalle lo que significan los seguros de decesos no sólo para las compañias aseguradoras, sino también para los Mediadores de Seguros que se encargan de comercializarlos, en algunos casos con pólizas que van pasando de padres a hijos tanto en el caso del asegurado como del Mediador.

Se trata de productos con una gran fidelidad por parte de sus contratantes, y que son también peculiares en su forma de pago. Milllones de españoles esperan la visita del representante de la entidad aseguradora que pasa mensualmente por sus domicilios para abonar “los muertos”, como popularmente se le conoce.

Se calcula que casi la mitad de la población de España, alrededor de 20 millones de personas, cuentas con un seguro de decesos. Y lo cierto es que su contratación, lejos de ser un reducto del pasado va en aumento. Según Unespa el seguro de decesos cubre a un total de 19.916.074, con un crecimiento lento, pero sostenido en el tiempo. Por ejemplo, en 2013 este producto creció casi medio punto con respecto al ejercicio anterior, como resultado de la resta de altas y bajas. Pero en cuanto a contratación son casi 100.000 pólizas nuevas.
Unespa también señala que la mayor concentración de edad se da entre los 35 y los 39 años, aunque el mayor crecimiento se da en los de 85 años y más.

Gran desarrollo en la postguerra
El Seguro de Decesos es un producto de su tiempo. Conoció una auténtica explosión en los años 40, una época de privaciones y pobreza derivada de la guerra civil. Estas condiciones de vida, amplificadas en su crudeza en la España rural, obligaron a millones de personas a buscar la supervivencia en las áreas industriales del país. Se inició un éxodo con muchas consecuencias, entre ellas el desarraigo derivado de la distancia entre el lugar de origen y el destino de la migración interior. Llegados a este punto, en una España muy religiosa y profundamente enraizada en las tradiciones, se generaba una duda que angustiaba a no pocas personas: en el caso de fallecer en la ciudad, ¿cómo hacer para descansar eternamente en la morada de los ancestros sin que ello supusiera el quebranto definitivo de la economía familiar? El sector asegurador, como siempre, tuvo una respuesta inmediata para esta demanda, y lanzó este producto que cubría los gastos de entierro y, sobre todo, de traslado del difunto hasta su lugar de origen. En unos años en el que la economía estaba en un estado tan precario esto supuso un plus de tranqulidad a un precio más que asequible.

Sin embargo, su origen se remonta a muchos siglos atrás. En el antiguo Egipto existía una especie de ayuda mutua que tenía como objetivo cubrir los gastos de enterramiento (de momificación, en este caso) de quienes participaban en este sistema. De alguna manera, fue el primer seguro de decesos de la Historia, a lo largo de la cual se encuentran otros ejemplos similares, como las asociaciones de artesanos en Roma, que incluso aportaban una cantidad periódicamente, asimilable a la prima actual.

En la Edad Media la institución de las Guildas (corporación de mercaderes), cubrían toda clase de contingencias, entre las que se incluían los gastos de entierro.
Y en cuanto al origen estricto del Seguro de Decesos en España existe una versión (¿leyenda, acaso?) que lo localiza en Galicia a finales del siglo XIX, motivado por la necesidad de cubrir los gastos de entierro de los pescadores que fallecían víctimas del mar

Un 60% de penetración
La aceptación entre la sociedad de los seguros de Decesos fue inmediata y su crecimiento, espectacular en sus inicios, se ha mantenido hasta nuestros días no sólo como una forma de garantizar el transporte hasta el lugar de origen, sino también para facilitar los trámites de entierro en unos momentos siempre duros. Así, la póliza de Decesos incluye todo aquello que acontece desde la muerte del asegurado hasta su entierro, ya sea las gestiones ante la Administración, el velatorio o las flores. Y esto es algo que valoran los que contratan estos seguros,. No en vano el 60% de los entierros los gestiona una aseguradora, con una tasa de fidelidad asombrosa, que se explica no tanto por criterios económicos sino por la prestación de servicios.

Un argumento que se emplea para minusvalorar la utilidad de los seguros de decesos es la gran cantidad de dinero que los asegurados, sobre todo los de mayor edad, han abonado durante toda su vida, que puede llegar a triplicar el coste real del sepelio. Sin embargo, como se ha apuntado, hay algo más que el precio. En declaraciones a El País hace un año, D. Andrés Romero, Presidente de la comisión de decesos de Unespa y actual Director general de la compañía Santa Lucía, apuntaba que “el valor de cualquier seguro no puede calcularse sumando las primas que se pagan a lo largo de la vida, sino por la prestación que ofrece. En este caso está clara: garantizar que el servicio estará cubierto desde que se empieza a pagar la primera prima”.

Negocio a tres, desigual implantación
Pese a la gran penetración de los seguros de decesos la mayor parte del mercado está copado por tres entidades. Ocaso, Santalucía y Mapfre controlan el 75% del mercado. De hecho, Santalucía comercializaba en exclusiva Decesos hasta bien entrados los años 50.

La franja de edad en la que el seguro de decesos tiene más penetración es en la que va de los 65 a los 69 años. En este sentido, las estadísticas informan de que el 52,9% de personas de esta franja de edad tiene contratada la cobertura de un seguro de decesos. Sin embargo, existen otras franjas de edad en las que más del 50% de la población también tiene contratado un seguro de decesos. Estas son las siguientes: de 60 a 64 años, de 70 a 74, de 75 a 79 y de 80 a 84.

Son cifras generales que esconden una evidencia: la desigual implantación entre las diferentes comunidades autónomas. Las estadísticas de Unespa apuntan que la distribución de este producto no es homogénea en el conjunto del territorio. Hay comunidades autónomas donde, en relación con la población, el seguro de Decesos está más representado, como en el Extremadura donde seis de cada diez ciudadanos están cubiertos, y otras donde su presencia es menor, como en Melilla, donde es apenas de un 16%. En la Comunidad Valenciana la penetración es de un 41,4%.

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