N107 | Opinión: el precio justo

Artículo de opinión de Jaime Cantó.

Hace ya bastante tiempo que el mundo se ha vuelto “low cost”, que lástima de mundo y de palabra, cómo si en castellano no tuviéramos términos para definir cualquier situación y con la ventaja de que todos la entenderíamos.

No cabe quejarse de nada, los salarios también son “low cost” y la consecuencia directa de que todos nos hayamos vuelto tan listos que lo compramos todo a bajo precio. Si yo tengo que vender lo que fuere y necesito beneficios, sólo pueden venir de dos formas, me pagan por mi producto su precio justo, que incluiría el derecho a obtener una ganancia por el mismo y elaborar éste con los mimbres adecuados, o bien rebajo la calidad, escatimando en toda la cadena de fabricación y mal pagando a mis empleados para poder llegar a final de mes, con el consiguiente cabreo suyo y mío.

Así están las cosas y en nuestro sector en particular, venimos desde el año 2010 más o menos, con unos negocios que después de una rebaja en su volumen del 25%, en el mejor de los casos, no remonta y cada vez asume más costes. Muchos despachos han desaparecido otros han mermado y el resto nos conformamos con subsistir. El conformismo nunca ha sido mi camino y me sigo rebelando, pese a mis 45 años de profesión, pero nuestro mercado, que se dice innovador y cuyo lema debiera ser “imaginación al poder”, sólo imagina cómo hacer los seguros más baratos, “low cost”, que es lo que vende. Ahora elegir taller es un privilegio, que no te limiten el número de veces que puedes llamar a la grúa también. En las viviendas o comercios, los reparadores están subcontratados en macro empresas que sólo prometen “low cost”, pues el resto de sus promesas se estrella contra un descontento general de los asegurados, por trabajos chapuceros, escasos y nunca realizados con la rapidez prometida (la asistencia 24 horas no consiste en resolver el problema en éste tiempo, sino el que alguien tome nota de tu aviso durante todo el día).

Cuando deberíamos innovar en contratos más claros y transparentes, nuevas garantías, mayores facilidades para que cada cual decida dónde y cómo quiere reparar, ser más receptivos y ponernos más en la piel de quién nos necesita para ser próximos y empáticos, todo lo que se nos ocurre es dar servicios enlatados, a precio cerrado, impidiendo que quién los realiza pueda ganarse dignamente la vida o pagar sueldos apropiados, pues de hacerlo no llegaría a final de mes. A los talleres se les impone el precio hora, se les obliga a poner piezas homologadas, que no originales, a facilitar ellos el vehículo de sustitución y así un largo etc. A los peritos que valoren a la baja, estableciendo una carrera entre ellos para ver quien obtiene la peritación más escuálida, so pena de prescindir de sus servicios, porque los hay más baratos.

Se opta por ofertar a los asegurados indemnizaciones directas, con pago por transferencia, donde se excluye el IVA, porque como no se ha presentado factura, no se genera el mismo y cuando el cliente decide llevar a cabo la reparación, se encuentra que le falta el 21% de la misma.

Las atenciones a los clientes han adelantado a las de los Bancos, te lo tienes que hacer todo por internet o si logras un teléfono, bien hablas con una máquina o quién te atiende dice que toma nota y pasa ésta al departamento correspondiente, para que si lo tienen a bien te llamen ellos. En otros casos te dejan al teléfono con una música y mensaje intercalado y repetitivo que hace desistir a la mayoría.

Si tenemos que ser “low cost”, no se pueden contratar personas para atender a personas, no se pueden pagar las horas de taller a su precio real, no se pueden poner piezas originales, no se pueden pagar los traslados de grúa más que al taller más próximo y así a todos los niveles.

No creo que sea tan difícil pagar los precios correctos, para que todos tengamos acceso a unos ingresos justos, que nos permitan llevar una vida que se corresponda con el estado del bienestar que se predica, pero para ello hay que cambiar la letra de la canción y dejar de tomar a las personas por tontas, nadie daba duros a cuatro pesetas antes y ahora nadie da euros a noventa céntimos.

Al hilo de éste artículo leo en la prensa del sector, que el Colegio de Médicos de Sevilla critica seriamente la forma de proceder de las aseguradoras de salud, que pagan unos importes ridículos por los actos médicos. Otra vez el precio cómo única solución.

Cada uno en su sector sabe que el precio no lo es todo, mejor dicho, sí lo es todo, todo lo que necesito cobrar por mis conocimientos, esfuerzo, dedicación, producto de calidad y que quién lo reciba no se sienta estafado en sus expectativas.

Otro mundo es posible, sólo hay que poner los pies en el suelo y aceptar que pagar las cosas por lo que valen, no es ser caro, es ser justo.

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