N95 | El Big Data y el sector seguros

Alfredo Barber. Abogado de Beneyto Abogados

Cualquier persona en su día a día, casi de manera inconsciente, genera cierta cantidad de datos e información, dejando un constante rastro el cual es aprovechado. Esta situación ha aumentado de manera exponencial estas últimas décadas por los imparables avances tecnológicos.

Si realizamos un fugaz recorrido por la historia reciente observamos: que hace medio siglo existía gran dificultad de gestionar los volúmenes de creciente información (censo de poblaciones y ciudades, directorios de bibliotecas públicas, etc.); que a finales de los años 80, con la introducción de los ordenadores personales y su utilización en masa, se incrementó la posibilidad almacenamiento efectivo de la información generada; y que en la actualidad, la gran multitud de sensores (como cámaras, cajeros automáticos, sensores climatológicos, pulseras inteligentes, etc.) y herramientas y sistemas (como Android, iPhone, Facebook, Instagram, YouTube, Spotify o WhatsApp), ha multiplicado de forma espectacular la capacidad de captura y almacenamiento de información y datos que generamos.

Según Forbes “el Big Data es una colección de datos de fuentes tradicionales y digitales dentro y fuera de su organización, que representa una fuente para el descubrimiento y el análisis”. Esta herramienta de información, de gran volumen y alta velocidad, permite a las empresas (especialmente a aquellas que tienen mejores medios y técnicas de análisis de gran cantidad de información) identificar patrones o modelos para conseguir a clientes (o retener a los mejores y más idóneos), expandirse a otros mercados en condiciones de mínimo riesgo y costes, así como individualizar y personalizar el trato con los clientes.

Por tanto, el uso de esta herramienta de información aportará un gran valor a la empresa e indudablemente, la que mejor utilice y se adapte a ella, obtendrá una gran ventaja competitiva para el futuro.

En comparación con otros sectores empresariales podríamos decir que el sector asegurador parte de una posición más ventajosa; debido a que lleva en su esencia la ciencia actuarial, el uso de información masiva y la utilización de sistemas de estadística (valorar los riesgos y su probabilidad de ocurrencia, pronosticar resultados de pérdidas y los costes de su comercialización).

En consecuencia, utilizando el análisis de Big Data, las entidades aseguradoras pueden aplicar modelos predictivos eficaces con los que maximizar las ventas y reducir costes, además de buscar la máxima satisfacción del cliente.

El adecuado análisis estadístico de la información recopilada resultará de gran utilidad para las entidades aseguradoras, pudiendo anticiparse a eventuales sucesos: identificar y clasificar a los clientes más propensos a impagos, identificar a clientes con mayor posibilidad de abandono, construir perfiles de riesgo para predecir fraude en solicitudes, medir el grado de lealtad de los clientes, etc.

Por otro lado, el uso del Big Data, permite a las aseguradoras acercarse a la realidad del cliente y consecuentemente personalizar al máximo la relación con este. Algunas compañías, principalmente en los ramos de automóvil y salud, están empezando a sacar provecho de la utilización de tecnología portátil (p.ej. relojes o pulseras de actividad diaria), la cual además de servirles para prevenir riesgos pueden mejorar de manera eficaz el trato con respecto a los asegurados.Si nos centramos en el contexto de los seguros de salud y vida las compañías aseguradoras, cada vez con más frecuencia, personalizan la prima más allá de lo que viene siendo tradicional, evaluando de forma conjunta la longevidad del cliente con la predicción del número de servicios médicos que haya demandado, en función de sus características personales y de su historial de uso de los servicios médicos registrado. Por tanto se podrán fijar precios más competitivos en las coberturas privadas de salud en personas mayores, usando el principio de la diversificación.

Sin embargo no podemos pasar por alto que la accesibilidad, almacenaje y el tratamiento de la información relativa a personas privadas debe ser filtrado por un marco de legalidad eficaz, que proteja a las personas de las que se tiene la información; incidiendo que en el sector de seguros es especialmente sensible el caso de la información respecto de la salud de los asegurados.

Como bien conocen, a finales del año pasado entró en vigor la nueva Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos y de garantía de los derechos digitales. Esta normativa define con categoría especial los datos relacionados con la salud (art. 9) y exige expresamente la adopción de una serie de medidas, para los responsables y encargados del tratamiento de esos datos, cuando su tratamiento tenga como fin crear o utilizar perfiles personales del afectado (art. 28.2 aptdo. d). Además, su Disposición Transitoria decimoséptima, resalta la protección de esos datos de conformidad con el Reglamento (UE) 2016/679 (art. 9.2) y otras Leyes de ámbito nacional.

De entre las novedades de esta reciente LOPD cabe destacar que se excluye el denominado “consentimiento tácito”, debiendo mediar un consentimiento expreso, libre, específico, informado e inequívoco del titular de la información (art. 6 de la citada en relación con los arts. 6 y 7 del Reglamento europeo) y simultáneamente se endurece el anterior régimen sancionador (incrementando considerablemente las sanciones económicas), tipificando como muy grave la utilización de los datos sin contar con el consentimiento del afectado o su utilización para una finalidad diferente a la inicial (art. 72 aptdo. b y d).

Del mismo modo se endurece la sanción y se tipifica como muy grave el incumplimiento de la obligación de bloqueo de datos cuando se haya ejercido el derecho de rectificación o supresión (art. 72 aptdo. n).

También se sanciona con mayor penalización cuando se vulnera el deber de confidencialidad (art. 72 aptdo. i en relación al art. 5 y al art. 5.1 aptdo. f del Reglamento de la UE). E igualmente se acentúa la sanción cuando no se informe al titular de los datos sobre los medios que tiene para ejercer los derechos que le corresponden; derecho al acceso, derecho de rectificación, derecho de supresión (o derecho al olvido), derecho de limitación de tratamiento, derecho de portabilidad y derecho de oposición (art. 72 aptdo. h en relación al art. 13 a 18 de la referida LOPD).

En definitiva, el Big Data no solo es una oportunidad de crear y agregar valor y eficacia para el negocio de las compañías aseguradoras sino que también es una clara oportunidad para crear valor para el cliente; el cual debe conocer que sus datos e información personal están protegidos por un marco legal, cuyas reglas se irán adaptando a los progresos y avances tecnológicos, introduciéndose nuevos elementos de defensa para mejorar su capacidad de decisión y control sobre los datos personales que confían a terceros.

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